O cómo el destino quiso que todo funcionara por una vez

Hay grupos de los que te sabes las canciones pero no eres consciente de ello; y casualidades de la vida te apuntan a hacia ahí justo días antes de que saquen disco. Esto ha sido lo que me ha pasado las últimas semanas con Ginebras. En una época en la que “Ya dormiré cuando me muera” parece el nuevo eslogan de mi vida; poco sabía yo que todo era una señal del Destino para engancharme a ellas.

Si no te interesa cuál ha sido mi relación con el grupo las últimas semana, puedes saltarte los dos próximos párrafos. Si no lo haces, advertido estabas.

Hace unas semanas, aparecía mi compañero de trabajo tarareando “La típica canción” y obviamente me pasé los tres días siguientes con ella en bucle. Todo esto el día antes de presentar su último adelanto, “Crystal Fighters”, que obviamente me arrastraba a una espiral descontrolada de escucha repetitiva de todo su repertorio.

Días más tarde, en otro concierto, me preguntaban si iba a ir el miércoles a la presentación del disco, y a falta de invitación formal; no entraba en mis planes. Pero de nuevo, ¡sorpresa!, una nueva artimaña del Destino hacía que el mismo compañero de trabajo me enviara un sorteo de VibraMahou para acudir a la presentación. Como buena CM, hice afán de mi mayor poder de convocatoria en el concurso. Cuál fue mi sorpresa cuando apenas un par de horas antes del evento me llegaba un mensaje de Instagram de VananaRecords diciéndome que era una de las afortunadas.

Ahora que ya sabéis que mi relación con Ginebras ha sido propia de guionista de comedia romántica de Jennifer Aniston, hablemos de “Ya dormiré cuando me muera”. Si bien es cierto que cada uno de los temazos que se han sacado de la manga son propios de concierto de verbena (todo esto considerado como un piropo y nunca un ataque hacia nuestras queridas verbenas); hay que decir que Magüi, Sandra, Raquel y Juls ganan en las distancias cortas; y pocas distancias más cortas que una sala pequeña como el Café Madrid.

Canción a canción

En el mismo orden que en “Ya dormiré cuando me muera” repasaron uno a uno los temas de su primer trabajo; desnudando las tramas detrás de cada uno, los que ya habían presentado y los inéditos.

Crystal Fighters” nos traslada a ese verano de festivales que nos han robado este año (pero que si lo vemos por el lado bueno, tendremos festivales gratis en 2021).

Chico Pum” (probablemente mi favorita) nos enamora de ese chico, chica, chique especial (siempre dentro de la legalidad como ellas mismas puntualizan), pero lo más importante: nos ofrece un término para poder referirnos a nuestro “crush” de manera más castiza.

Pasamos al postureo usando el “Filtro Valencia” y nos quedamos de fiesta hasta (o desde) las “6 AM”. Esas noches en las que sabes como empiezas pero no como acabas y se convierten en una aluvión de anécdotas para contar el resto de tus días.

Con “Paco y Carmela” nos teletransportamos a una verbena, en la que todo el mundo acaba bailando y cantando al ritmo de las palmas (esto cuando se pueda, que como han dicho en el último vídeo de Strim: “ponte la mascarilla hoy para no tener que llevarla mañana”).

Si antes habíamos “criticado” al postureo con el “Filtro Valencia” (no mientas, tú también lo has usado); ahora nos arruinamos comprando en tiendas “Vintage”; porqué la vida de una moderna no es fácil y tampoco barata (pero oye, sabes que puedes encontrarte a Yung Beef o a Carmen Lomana por Malasaña, y eso siempre es bueno).

Hasta aquí todas las canciones que ya se conocían y que ya nos hacían cantar y saltar. Pero el disco no termina aquí. Tres temas más para poner el broche de oro a la ópera prima de Ginebras (con S).

Cosas moradas” es sin duda la obra más compleja y espiritual del disco. Un tema cuyo hilo argumental es la relación que pueda haber entre Tinky Winky y cierto partido de la izquierda.

Por mucho que digan que nadie las quiere (cosa que quedó claro que no es así y que todo el mundo está ansioso por verlas encima de un escenario), ellas siguen buscando el amor en los sitios más remotos. Este es el caso de “Metro de Madrid informa“. Una vez más, un flechazo que dura tres paradas hasta que uno de los dos tiene que bajarse, y que probablemente no llegue nunca a nada. Si que es cierto, que ahora con las mascarillas resulta mucho más fácil enamorarse en el transporte público, aunque muchas veces viene con sorpresa.

Termina el disco con una canción homenaje un grupo poco conocido de Liverpool. Huyendo de las clásicas versiones, ellas van un paso más allá. “Campos de Fresas para Siempre” es un pequeño viaje por algunos de los títulos más célebres de The Beatles.

Esta última es un claro ejemplo de algo que Ginebras suele hacer, y es meter referencia de sus propias canciones en otras. La mayor de todas, será que todas pueden ser perfectamente “La típica canción“.

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